Una guía para seguir el Camino verdadero que lleva a la Vida auténtica. La Verdad está en seguir el único Camino hacia la Vida en plenitud. La verdadera Vida se alcanza mirando al Norte; allí resplandece la Luz... Si quieres ser feliz ve hacia Ella.
Le dice Tomás: «Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?» Le dice Jesús: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí>>(Jn 14, 5-6)
Breve:Andrés, nacido en Betsaida, fue primeramente discípulo de Juan Bautista, siguió después a Cristo y le presentó también a su hermano Pedro. Él y Felipe son los que llevaron ante Jesús a unos griegos, y el propio Andrés fue el que hizo saber a Cristo que había un muchacho que tenía unos panes y unos peces. Según la tradición, después de Pentecostés predicó el Evangelio en muchas regiones y fue crucificado en Acaya.
SAN ANDRES nació en Betsaida, población de Galilea situada a orillas del lago de Genezaret. Era hijo del pescador Jonás y hermano (le Sinmón Pedro. La Sagrada Escritura no especifica si era mayor o menor que éste. La familia tenía una casa en Cafarnaún y en ella se alojaba Jesús cuando predicaba en esa ciudad.
Discípulo de Juan Bautista
Cuando San Juan Bautista empezó a predicar la penitencia, Andrés se hizo discípulo suyo. Precisamente estaba con su maestro, cuando Juan Bautista, después de haber bautizado a Jesús, le vio pasar y exclamó: "¡He ahí al cordero de Dios!" Andrés recibió luz del cielo para comprender esas palabras misteriosas. Inmediatamente, él y otro discípulo del Bautista siguieron a Jesús, el cual los percibió con los ojos del Espíritu antes de verlos con los del cuerpo. Volviéndose, pues, hacia ellos, les dijo: "¿Qué buscáis?" Ellos respondieron que querían saber dónde vivía y Jesús les pidió que le acompañasen a su morada.
Apóstol de Jesús
Andrés y sus compañeros pasaron con Jesús las dos horas que quedaban del día. Andrés comprendió claramente que Jesús era el Mesías y, desde aquel instante, resolvió seguirle. Así pues, fue el primer discípulo de Jesús. Por ello los griegos le llaman "Proclete" (el primer llamado). Andrés llevó más tarde a su hermano a conocer a Jesús, quien le tomó al punto por discípulo, le dio el nombre de Pedro. Desde entonces, Andrés y Pedro fueron discípulos de Jesús.
Al principio no le seguían constantemente, como habían de hacerlo más tarde, pero iban a escucharle siempre que podían y luego regresaban al lado de su familia a ocuparse de sus negocios. Cuando el Salvador volvió a Galilea, encontró a Pedro y Andrés pescando en el lago y los llamó definitivamente al ministerio apostólico, anunciándoles que haría de ellos pescadores de hombres. Abandonaron inmediatamente sus redes para seguirle y ya no volvieron a separarse de El.
Al año siguiente, nuestro Señor eligió a los doce Apóstoles; el nombre de Andrés figura entre los cuatro primeros en las listas del Evangelio.
También se le menciona a propósito de la multiplicación de los panes (Juan, 6, 8-9) y de los gentiles que querían ver a Jesús (Juan, 12, 20-22)
Después de Pentecostés
Aparte de unas cuantas palabras de Eusebio, quien dice que San Andrés predicó en Scitia, y de que ciertas "actas" apócrifas que llevan el nombre del apóstol fueron empleadas por los herejes, todo lo que sabemos sobre el santo procede de escritos apócrifos. Sin embargo, hay una curiosa mención de San Andrés en el documento conocido con el nombre de "Fragmento de Muratori", que data de principios del siglo III: "El cuarto Evangelio (fue escrito) por Juan, uno de los discípulos. Cuando los otros discípulos y obispos le urgieron (a que escribiese), les dijo: "Ayunad conmigo a partir de hoy durante tres días, y después hablaremos unos con otros sobre la revelación que hayamos tenido, ya sea en pro o en contra. Esa misma noche, fue revelado a Andrés, uno de los Apóstoles, que Juan debía escribir y que todos debían revisar lo que escribiese".
Teodoreto cuenta que Andrés estuvo en Grecia; San Gregorio Nazianceno especifica que estuvo en Epiro, y San Jerónimo añade que estuvo también en Acaya. San Filastrio dice que del Ponto pasó a Grecia, y que en su época (siglo IV) los habitantes de Sínope afirmaban que poseían un retrato auténtico del santo y que conservaban el ambón desde el cual había predicado en dicha ciudad. Aunque todos estos autores concuerdan en la afirmación de que San Andrés predicó en Grecia, la cosa no es absolutamente cierta.
En la Edad Media era creencia general que San Andrés había estado en Bizancio, donde dejó como obispo a su discípulo Staquis (Rom. 14,9). El origen de esa tradición es un documento falso, en una época en que convenía a Constantinopla atribuirse un origen apostólico para no ser menos que Roma, Alejandría y Antioquía. (El primer obispo de Bizancio del que consta por la historia, fue San Metrófanes, en el siglo IV).
Martirio
El género de muerte de San Andrés y el sitio en que murió son también inciertos. La "pasión" apócrifa dice que fue crucificado en Patras de Acaya. Como no fue clavado a la cruz, sino simplemente atado, pudo predicar al pueblo durante dos días antes de morir. Según parece, la tradición de que murió en una cruz en forma de "X" no circuló antes del siglo IV.
En tiempos del emperador Constancio II (+361), las presuntas reliquias de San Andrés fueron trasladadas de Patras a la iglesia de los Apóstoles, en Constantinopla. Los cruzados tomaron Constantinopla en 1204, y, poco después las reliquias fueron robadas y trasladadas a la catedral de Amalfi, en Italia.
San Andrés es el patrono de Rusia y de Escocia.
Según una tradición que carece de valor, el santo fue a misionar basta Kiev. Nadie afirma que haya ido también a Escocia, y la leyenda que se conserva en el Breviario de Aberdeen y en los escritos de Juan de Fordun, no merece crédito alguno. Según dicha leyenda, un tal San Régulo, que era originario de Patras y se encargó de trasladar las reliquias del apóstol en el siglo IV, recibió en sueños aviso de un ángel de que debía trasportar una parte de las mismas al sitio que se le indicaría más tarde. De acuerdo con las instrucciones, Régulo se dirigió hacia el noroeste, "hacia el extremo de la tierra"". El ángel le mandó detenerse donde se encuentra actualmente Saint Andrews, Régulo construyó ahí una Iglesia para las reliquias, fue elegido primer obispo del lugar y evangelizó al pueblo durante treinta años. Probablemente esta leyenda data del siglo VIII. El 9 de mayo se celebra en la diócesis de Saint Andrews la fiesta de la traslación de las reliquias.
El nombre de San Andrés figura en el canon de la misa, junto con los de otros Apóstoles. También figura, con los nombres de la Virgen Santísima y de San Pedro y San Pablo, en la intercalación que sigue al Padrenuestro. Esta mención suele atribuirse a la devoción que el Papa San Gregorio Magno profesaba al santo, aunque tal vez data de fecha anterior.
¡Oh cruz buena, que fuiste embellecida por los miembros del Señor, tantas veces deseada, solícitamente querida, buscada sin descanso y con ardiente deseo preparada! Recíbeme de entre los hombres y llévame junto a mi Maestro, para que por ti me reciba, Aquel que me redimió por ti muriendo. Amén.
Oración a la cruz de San Andrés
Salve, oh cruz, inaugurada por medio del cuerpo de cristo, que te has convertido en adorno de sus miembros, como si fueran perlas preciosas.
San Mateo es llamado por dos Evangelistas: Levi, ambos nombres son de origen Judíos. El último lo obtuvo antes de su conversión, el otro lo tomo después, para mostrar la renuncia a su profesión y que era un hombre nuevo. Hijo de Alfeo, vivió en Cafarnaun, en el lago de Galilea.
Fue por profesión un publicano, o colector de impuestos para los Romanos. Entre los Judíos, estos publicanos fueron mas infames y odiosos porque esta nación los miraba como enemigos de su privilegio de libertad natural que Dios les había dado, y como personas manchadas por su conversación frecuente y asociación con los paganos, y la esclavización sobre sus compatriotas. Los Judíos los aborrecían universalmente, veían sus propiedades o dinero como fortunas de ladrones , les prohibieron su comunión y participación en su actividades religiosas, al igual que de todos eventos de la sociedad cívica y de comercio. Tertuliano esta ciertamente equivocado cuando afirma que solo los gentiles fueron empleados en este oficio sórdido como San Jerónimo demuestra en varios pasajes de los evangelios. Y es cierto que San Mateo fue Judío, aunque un publicano.
Su oficio dice haber consistido particularmente en acumular costumbres de comodidades que vinieron por el Genesareth o Tiberias, y un peaje que los pasajeros pagaban al venir por agua; San Marco dice que San Mateo mantuvo su oficio de cobro de peaje alado del lago, donde el se sentaba. Jesús, habiendo últimamente curado un paralítico famoso, salio de Cafarnaúm, y camino sobre los bancos del lago o mar de Genesareth, enseñando las personas que le seguían. Aquí el observó a Mateo que realizaba su trabajo de cobro de peaje a quien el llamo a venir y a seguirle. El hombre era rico, disfrutaba de un sueldo lucrativo, era un hombre sabio y prudente, y entendía perfectamente lo que seguir a Jesús le costaría. Pero el no tuvo miramientos y dejo todos sus intereses y relaciones para hacerse un discipular del Señor. No sabemos si el ya estaba relacionado con la persona o doctrina de nuestro Salvador, especialmente como estaba cerca de Cafarnaúm, y su casa parece haber sido en la ciudad, donde Cristo había vivido por algún tiempo, había predicado y hechos muchos milagros, por lo cual el estaba en algún medido preparando a recibir la impresión que el llamado de Jesús había hecho sobre el.
San Jerónimo dice que un cierto aire de majestad brillaron en la continencia de Nuestro Divino Redentor, y traspaso su alma y lo atrajo fuertemente. Este apóstol, a la primera invitación, rompió todas ataduras; dejo sus riquezas, su familia, su preocupaciones del mundo, sus placeres, y su profesión. Su conversión fue sincera y perfecta. San Mateo nunca regreso a su oficio porque era una profesión peligrosa, y una ocasión de avaricia, opresión, y extorsión. San Mateo, al convertirse, para mostrar que no estaba descontento con su cambio, pero que lo miraba como su mas gran felicidad, entretuvo a Nuestro Señor y sus discípulos en una gran comida en su casa a donde invito sus amigos, especialmente los de su ultima profesión, como si esperaba que por medio de la divina conversación de Nuestro Salvador, ellos también quizás sean convertidos.
Después de la ascensión de Nuestro Señor, San Mateo predicó por varios años en Judea y en los países cercanos hasta la dispersión de los apóstoles. Un poco antes de la dispersión escribió su evangelio, o pequeña historia de Nuestro Bendito Redentor. Que la compilo antes de su dispersión aparece no solo porque fue escrito antes de los otros evangelios, sino también el Apóstol Bartolomé se llevo una copia con el a la India, y la dejo allí. San Mateo escribo su evangelio para satisfacer los conversos de Palestina. El Evangelio de San Mateo desciende a un detalle mas particular y completo en las acciones de Cristo que los otros tres, pero desde el Capitulo V al XIV el frecuentemente se distingue de los otros en la serie de su narrativos, ignorando el orden del tiempo, para que esas instrucciones que tienen mas afinidad una con la otra, estén relacionadas juntas. Este evangelista mas bien enfoca sobre las lecciones de moralidad de Nuestro Salvador, y describe su temporal o generación humana, en que las promesas hechas a Abraham y David respecto al nacimiento del Mesías de su semilla fueron realizados; tal argumento inducía de manera particular a los Judíos para que creyeran en el.
San Mateo, después de haber hecho una gran cosecha de almas en Judea, fue a predicar la fe a las naciones barbaras e incivilizadas del Este. El era una persona muy devota a la contemplación celestial y llevaba una vida austera, usando una dieta muy rigurosa; pues no comía carne en vez satisfacía su apetito con hierbas, raíces, semillas. San Ambrosio dice que Dios le abrió el País de los Persas. Rufinus y Sócrates nos dicen que el llevo el evangelio a Etiopía, significando probablemente las partes Sur y Este de Asia. San Paulino menciona que el terminó su curso en Parthia. Venantus Fortunatus relata que el sufrió el martirio en Nudubaz, una ciudad en esas partes. Dorotheus dice que el fue honorablemente enterrado en Hierapolis en Porthia. Sus reliquias fueron traídas al Oeste, Papa Gregorio VII, en una carta al Obispo de Salerno en 1080, testifica que fueron guardados en una iglesia que tenia el nombre de la ciudad. Todavía están en este lugar.
Predicó entre los judíos por 15 años, incluyendo posiblemente a los judíos de Etiopía, Africa. Murió mártir.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 9, 9-13
En aquel tiempo:
Jesús, al pasar, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: «Sígueme». Él se levantó y lo siguió.
Mientras Jesús estaba comiendo en la casa, acudieron muchos publicanos y pecadores, y se sentaron a comer con Él y sus discípulos. Al ver esto, los fariseos dijeron a los discípulos: «¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?»
Jesús, que había oído, respondió: «No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Vayan y aprendan qué significa: "Yo quiero misericordia y no sacrificios". Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores».
Palabra del Señor.
Reflexión:
Ef. 4, 1-7. 11-13. La iglesia es el gran proyecto que Dios tiene en su mente, antes, incluso de la creación del mundo: que todos lleguemos hacer uno en Cristo. La Iglesia no es una mera comunidad de fe, que peregrina por este mundo, pues en las comunidades se dan muchas tensiones, que han roto la unidad. La Iglesia va más allá de esas comunidades. La Iglesia es la Esposa de Cristo, que se hace una con Él y que se convierte en signo verdadero de su presencia, llena de humildad, de mansedumbre, de paciencia y capaz de soportar a todos por amor. Ninguno puede llenarse de orgullo y pensar que ha agotado en sí mismo la presencia de Cristo. Nuestro Dios y Padre a cada uno de nosotros nos ha concedido la gracia a la medida de los dones de Cristo. Y conservando la unidad en un solo Espíritu, todos, transformados en Cristo, debemos ponernos al servicio de la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios. Mientras haya divisiones entre nosotros y nos mordamos unos a otros, tal vez podamos decir que nuestra vida cristiana se desenvuelve en una comunidad de creyentes en Cristo, pero difícilmente podríamos decir que somos Iglesia en Cristo.
Sal. 19 (18). Todo se hizo por aquel que es la Palabra externa del Padre, y sin Él no se hizo nada. Así, todo lo creado es una expresión de Dios entre nosotros. Sin que las cosas pronuncien palabra alguna, a su modo nos hablan de Aquel que las ha creado. La persona humana, en sí, debería ser el mejor de los lenguajes de Dios entre nosotros, pues el Señor nos creó a su imagen y semejanza. Llegada la plenitud de los tiempos, Dios nos envió a su propio Hijo, el cual mediante sus palabras, sus obras, sus actitudes y su vida misma es para nosotros la suprema revelación del Padre. Y del costado abierto de Jesús, dormido en la cruz, nació la iglesia. Mediante Ella resuena por toda la tierra la Palabra en nos hace conocer a Dios y experimentar su amor, hasta el último rincón de la tierra. Que Dios nos conceda ser un signo verdadero y creíble de su presencia salvadora en el mundo.
Mt. 9, 9-13. ¿Quién de nosotros puede decir que no tiene pecado? Y a pesar de nuestras esclavitudes a él, a pesar de las grandes injusticias que hayamos cometido en contra de nuestro prójimo, y de las grandes traiciones a Cristo y a su Iglesia, Él vuelve a pasar junto a nosotros y nos llama para que vayamos tras sus huellas. El poder de su Palabra es un poder salvador, que nos llama a la vida, que nos libra de nuestras tinieblas de maldad y que nos saca a luz, para qué seamos criaturas nuevas en Cristo. Pero no basta haber recibido los dones de Dios. Los que vivimos en comunión de vida con Cristo debemos hacer nuestros los mismos sentimientos del corazón misericordioso del Señor, y trabajar para que el Proyecto de Dios sobre la Iglesia, nuevo Pueblo de Dios, unido por el amor y por un mismo Espíritu, se haga realidad, ya desde ahora, entre nosotros. Una iglesia que se encierra para recibir en su seno sólo a los puros y cierra la puerta a los pecadores no puede, en verdad, llamarse Iglesia de Cristo. Jesús ama a los pecadores, no porque quiera que continuemos pecando, sino porque quiere sanar nuestras heridas para que, arrepentidos, renovados en Cristo, convertidos en Él en hijos de Dios, sea nuestro el Reino de los cielos. Como auténtica iglesia de Cristo ¿este camino y ejemplo del Señor es el que impulsa nuestra labor evangelizadora?
El Señor, pasando junto a nosotros nos ha dicho: Sígueme. Y nosotros, convocados por É, estamos en su presencia para dejarnos, no sólo instruir, sino transformar por su Palabra poderosa, que nos perdona, nos santifica y nos va configurando día a día, hasta que lleguemos a ser hombres perfectos, y alcancemos nuestra plenitud en Cristo Jesús. Y Él nos sienta a su mesa, a nosotros, pecadores amados por Él; amados hasta el extremo de tal forma que se entregó por nosotros, para santificarnos, pues nos quiere totalmente renovados para poder presentarnos justos y santos ante su Padre Dios. Dejémonos amar por el Señor, y permitámosle llevar a cabo en nosotros su obra salvadora.
Amados por Dios y reconciliados con Él en Cristo Jesús, seamos la Iglesia de Cristo, que continúa en el mundo y su historia la encarnación del Hijo de Dios. Sigamos trabajando constantemente por la justicia, por el amor fraterno y por la paz. No seamos ocasión de división ni de luchas fratricidas entre nosotros. A pesar de que contemplemos grandes miserias y pecados en nuestro prójimo, jamás lo rechacemos; antes al contrario, acerquémonos y convivamos con él no para irnos con él tras las huellas de la maldad y del pecado, sino para ganarlo para Cristo con actitudes de amor, de alegría, de bondad, de justicia y de paz; pues así como nosotros hemos sido amados por Cristo, así debemos amarnos entre nosotros; y así como Él sale al encuentro de nosotros, pecadores, para salvarnos, así salgamos al encuentro de los pecadores para ayudarles a volver a la casa de nuestro Dios y Padre, lleno de bondad y de misericordia para con todos.
Que Dios nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de saber aceptar en nosotros el perdón de nuestros pecados, y la Vida y el Espíritu que proceden de Él, de tal forma que, juntos, podamos formar, en Cristo, su verdadera Iglesia, que haga que el Rostro de su Señor continúe brillando, con todo su amor y su misericordia, en medio de nosotros hasta llegar algún día, a nuestra plenitud en Cristo, participando, de la Gloria que como a Hijo, le corresponde y que nos ha prometido como herencia nuestra. Amén.
Homiliacatolica.com
Comentario: Rev. D. Joan Pujol i Balcells (La Seu d'Urgell, España)
«No he venido a llamar a justos, sino a pecadores»
Hoy celebramos la fiesta del apóstol y evangelista san Mateo. Él mismo nos cuenta en su Evangelio su conversión. Estaba sentado en el lugar donde recaudaban los impuestos y Jesús le invitó a seguirlo. Mateo —dice el Evangelio— «se levantó y le siguió» (Mt 9,9). Con Mateo llega al grupo de los Doce un hombre totalmente diferente de los otros apóstoles, tanto por su formación como por su posición social y riqueza. Su padre le había hecho estudiar economía para poder fijar el precio del trigo y del vino, de los peces que le traerían Pedro y Andrés y los hijos de Zebedeo y el de las perlas preciosas de que habla el Evangelio.
Su oficio, el de recaudador de impuestos, estaba mal visto. Quienes lo ejercían eran considerados publicanos y pecadores. Estaba al servicio del rey Herodes, señor de Galilea, un rey odiado por su pueblo y que el Nuevo Testamento nos lo presenta como un adúltero, el asesino de Juan Bautista y el que escarneció a Jesús el Viernes Santo. ¿Qué pensaría Mateo cuando iba a rendir cuentas al rey Herodes? La conversión de Mateo debía suponer una verdadera liberación, como lo demuestra el banquete al que invitó a los publicanos y pecadores. Fue su manera de demostrar el agradecimiento al Maestro por haber podido salir de una situación miserable y encontrar la verdadera felicidad. San Beda el Venerable, comentando la conversión de Mateo, escribe: «La conversión de un cobrador de impuestos da ejemplo de penitencia y de indulgencia a otros cobradores de impuestos y pecadores (...). En el primer instante de su conversión, atrae hacia Él, que es tanto como decir hacia la salvación, a todo un grupo de pecadores».
En su conversión se hace presente la misericordia de Dios como lo manifiestan las palabras de Jesús ante la crítica de los fariseos: «Misericordia quiero, que no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores» (Mt 9,13).
Mat 1:1 Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham.
Mat 1:2 Abraham engendró a Isaac, Isaac a Jacob, y Jacob a Judá y a sus hermanos.
Mat 1:3 Judá engendró de Tamar a Fares y a Zara, Fares a Esrom, y Esrom a Aram.
Mat 1:4 Aram engendró a Aminadab, Aminadab a Naasón, y Naasón a Salmón.
Mat 1:5 Salmón engendró de Rahab a Booz, Booz engendró de Rut a Obed, y Obed a Isa.
Mat 1:6 Isaí engendró al rey David, y el rey David engendró a Salomón de la que fue mujer de Urías.
Mat 1:7 Salomón engendró a Roboam, Roboam a Abías, y Abías a Asa.
Mat 1:8 Asa engendró a Josafat, Josafat a Joram, y Joram a Uzías.
Mat 1:9 Uzías engendró a Jotam, Jotam a Acaz, y Acaz a Ezequías.
Mat 1:10 Ezequías engendró a Manasés, Manasés a Amón, y Amón a Josías.
Mat 1:11 Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, en el tiempo de la deportación a Babilonia.
Mat 1:12 Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, y Salatiel a Zorobabel.
Mat 1:13 Zorobabel engendró a Abiud, Abiud a Eliaquim, y Eliaquim a Azor.
Mat 1:14 Azor engendró a Sadoc, Sadoc a Aquim, y Aquim a Eliud.
Mat 1:15 Eliud engendró a Eleazar, Eleazar a Matán, Matán a Jacob;
Mat 1:16 y Jacob engendró a José, marido de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo.
Mat 1:17 De manera que todas las generaciones desde Abraham hasta David son catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce; y desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce.
Mat 1:18 El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo.
Mat 1:19 José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente.
Mat 1:20 Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es.
Mat 1:21 Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.
Mat 1:22 Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo:
Mat 1:23 He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo,
Y llamarás su nombre Emanuel,
que traducido es: Dios con nosotros.
Mat 1:24 Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer.
Mat 1:25 Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre JESÚS.
I: HOMILÍAS SOBRE EL EVANGELIO DE SAN MATEO (1-45)
Autor: CRISÓSTOMO, JUAN
Colección: BAC NORMAL
Materia:
Tema: Teología
Número de páginas: 888
Editorial: BIBLIOTECA DE AUTORES CRISTIAN
Año edición: 2007
Formato: 130 x 200
ISBN: 9788479148744
SINOPSIS
Como obra de elocuencia cristiana, las Homilías sobre el Evangelio de San Mateo son un monumento único y ejemplar en el que la voz de San Juan Crisóstomo tiene la resonancia eterna del evangelio que comenta. De ellas, cualquier alabanza resulta corta. Santo Tomás de Aquino las estimaba más que ser dueño de la ciudad de París; el célebre maurino Bernardo de Monfauçon se refería a ellas como la obra de más rico contenido moral de todo el orbe cristiano, y un patrólogo tan eminente como Altaner rinde homenaje a la exactitud exegética que en ellas campea, superior a la del mismo San Agustín.
A este santo (que fue uno de los doce apóstoles de Jesús) lo pintaban los antiguos con la piel en sus brazos como quien lleva un abrigo, porque la tradición cuenta que su martirio consistió en que le arrancaron la piel de su cuerpo, estando él aún vivo.
Parece que Bartolomé es un sobrenombre o segundo nombre que le fue añadido a su antiguo nombre que era Natanael (que significa "regalo de Dios") Muchos autores creen que el personaje que el evangelista San Juan llama Natanael, es el mismo que otros evangelistas llaman Bartolomé. Porque San Mateo, San Lucas y San Marcos cuando nombran al apóstol Felipe, le colocan como compañero de Felipe a Natanael.
El encuentro más grande de su vida.
El día en que Natanael o Bartolomé se encontró por primera vez a Jesús fue para toda su vida una fecha memorable, totalmente inolvidable. El evangelio de San Juan la narra de la siguiente manera: "Jesús se encontró a Felipe y le Bartholomew.jpg (24186 bytes)dijo: "Sígueme". Felipe se encontró a Natanael y le dijo: "Hemos encontrado a aquél a quien anunciaron Moisés y los profetas. Es Jesús de Nazaret". Natanael le respondió: " ¿Es que de Nazaret puede salir algo bueno?" Felipe le dijo: "Ven y verás". Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: "Ahí tienen a un israelita de verdad, en quien no hay engaño" Natanael le preguntó: "¿Desde cuando me conoces?" Le respondió Jesús: "antes de que Felipe te llamara, cuando tú estabas allá debajo del árbol, yo te vi". Le respondió Natanael: "Maestro, Tú eres el Hijo de Dios, Tú eres el Rey de Israel". Jesús le contestó: "Por haber dicho que te vi debajo del árbol, ¿crees? Te aseguró que verás a los ángeles del cielo bajar y subir alrededor del Hijo del Hombre." (Jn. 1,43 ).
Felipe, lo primero que hizo al experimentar el enorme gozo de ser discípulo de Jesús fue ir a invitar a un gran amigo a que se hiciera también seguidor de tan excelente maestro. Era una antorcha que encendía a otra antorcha. Pero nuestro santo al oír que Jesús era de Nazaret (aunque no era de ese pueblo sino de Belén, pero la gente creía que había nacido allí) se extrañó, porque aquél era uno de los más pequeños e ignorados pueblecitos del país, que ni siquiera aparecía en los mapas. Felipe no le discutió a su pregunta pesimista sino solamente le hizo una propuesta: "¡Ven y verás que gran profeta es!"
Una revelación que lo convenció.
Y tan pronto como Jesús vio que nuestro santo se le acercaba, dijo de él un elogio que cualquiera de nosotros envidiaría: "Este si que es un verdadero israelita, en el cual no hay engaño". El joven discípulo se admira y le pregunta desde cuándo lo conoce , y el Divino Maestro le añade algo que le va a conmover: "Allá, debajo de un árbol estabas pensando qué sería de tu vida futura. Pensabas: ¿Qué querrá Dios que yo sea y que yo haga? Cuando estabas allá en esos pensamientos, yo te estaba observando y viendo lo que pensabas". Aquélla revelación lo impresionó profundamente y lo convenció de que este sí era un verdadero profeta y un gran amigo de Dios y emocionado exclamó: "¡Maestro, Tú eres el hijo de Dios! ¡Tú eres el Rey de Israel! ¡Maravillosa proclamación! Probablemente estaba meditando muy seriamente allá abajo del árbol y pidiéndole a Dios que le iluminara lo que debía de hacer en el futuro, y ahora viene Jesús a decirle que El leyó sus pensamientos. Esto lo convenció de que se hallaba ante un verdadero profeta, un hombre de Dios que hasta leía los pensamientos. Y el Redentor le añadió una noticia muy halagadora. Los israelitas se sabían de memoria la historia de su antepasado Jacob, el cuál una noche, desterrado de su casa, se durmió junto a un árbol y vio una escalera que unía la tierra con el cielo y montones de ángeles que bajaban y subían por esa escalera misteriosa. Jesús explica a su nuevo amigo que un día verá a esos mismos ángeles rodear al Hijo del Hombre, a ese salvador del mundo, y acompañarlo, al subir glorioso a las alturas.
Desde entonces nuestro santo fue un discípulo incondicional de este enviado de Dios, Cristo Jesús que tenía poderes y sabiduría del todo sobrenaturales. Con los otros 11 apóstoles presenció los admirables milagros de Jesús, oyó sus sublimes enseñanzas y recibió el Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego.
El libro muy antiguo, y muy venerado, llamado el Martirologio Romano, resume así la vida posterior del santo de hoy: "San Bartolomé predicó el evangelio en la India. Después pasó a Armenia y allí convirtió a muchas gentes. Los enemigos de nuestra religión lo martirizaron quitándole la piel, y después le cortaron la cabeza".
Para San Bartolomé, como para nosotros, la santidad no se basa en hacer milagros, ni en deslumbrar a otros con hazañas extraordinarias, sino en dedicar la vida a amar a Dios, a hacer conocer y amar mas a Jesucristo, y a propagar su santa religión, y en tener una constante caridad con los demás y tratar de hacer a todos el mayor bien posible.
ORACIÓN
Oh, Dios omnipotente y eterno, que hiciste este día tan venerable día con la festividad de tu Apóstol San Bartolomé, concede a tu Iglesia amar lo que el creyó, y predicar lo que él enseñó. Por Nuestro Señor Jesucristo. Amén.
Celebra la Iglesia la fiesta del Apóstol san Bartolomé. Este discípulo de Cristo ‑también llamado Natanael‑ nació en Caná. Era amigo del también apóstol Felipe, y gracias a esa amistad conoció al Señor, un día de primavera, en la región del Jordán. En el Evangelio se narra este encuentro de Natanael con Cristo.
Bartolomé había bajado desde Galilea a Jericó, quizá para escuchar la doctrina del Bautista, como otros judíos piadosos. También estaban allí Juan, Pedro, Andrés y Felipe, que en las riberas del río habían sentido la voz imperiosa de Cristo invitándoles a dejar todo y a seguirle. Volvía ya hacia Galilea cuando, en algún punto del trayecto, quizás en las afueras mismas de Jericó, Felipe encontró a su amigo Natanael y le dijo: Hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés en la Ley y los Profetas, a Jesús, hijo de José de Nazaret. Díjoles Natanael: ¿De Nazaret puede salir algo bueno? Díjole Felipe: Ven y verás. Vio Jesús a Natanael, que venía hacia Él, y dejo de él: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño. Díjole Natanael: ¿De dónde me conoces? Contestó Jesús y le dijo: Antes que Felipe te llamase, cuando estabas debajo de la higuera te vi. Natanael le contestó: Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel. Contestó Jesús y le dijo: ¿Porque te he dicho que te vi debajo de la higuera crees? Cosas mayores has de ver. Y añadió: En verdad, en verdad os digo que veréis abrirse el cielo y a los ángeles de Dios subiendo y bajando sobre el Hijo del hombre (Jn 1, 45‑51).
Felipe, emocionado, no puede menos de transmitir a su amigo Natanael el gozo de su descubrimiento. Igual debemos hacer cada uno de nosotros al tratar a nuestros amigos. Procuraremos contagiarles de nuestros ideales cristianos, hablándoles de cuántas cosas tenemos en el corazón: de amores humanos y Eucaristía; de familia y confesión; de futuro y vida eterna; de tierra y de cielo; de estudio y oración…
Hay que hablarles de Dios, abriéndoles horizontes de cielo para que salten de su vida terrena, chata, apática y aburrida; para que apaguen desencantos y pasotismos, y entren por caminos de santidad con todo el heroísmo que esto entraña.
La amistad es la base humana para hacer apostolado. Y de esta forma, todo lo que contribuye a conservar y hacer más fuerte la amistad es también una exigencia apostólica. Aconsejaba san Josemaría Escrivá: Vamos positivamente a hacernos amigos, a ganarnos amigos para hacerlos amigos de Jesucristo (…). Vamos a hacernos amigos entre todos nuestros compañeros de trabajo, entre todos los que viven en nuestro ambiente, aunque estén lejos de Dios.
Natanael (…) habría oído por las Escrituras que el Cristo debía venir de Belén, del pueblo de David. Así lo creían los judíos y lo había anunciado, tiempo atrás, el profeta: “Y tú, Belén, no eres ciertamente la menor entre las principales ciudades de Judá; pues de ti saldrá un jefe, que apacentará a mi pueblo Israel” (Mi 5, 2)). Por tanto, al escuchar que provenía de Nazaret se turbó y dudó, al no encontrar cómo compaginar las palabras de Felipe con la predicación profética (San Juan Crisóstomo). Además, Nazaret era un pueblecito pequeño y desconocido de Israel. Estaba situado al norte de Galilea.
Puede suceder que al transmitir nuestra fe a nuestros amigos y conocidos, éstos presenten dificultades. ¿Qué hacer? Lo que hizo Felipe: no confiar en sus propias explicaciones, sino invitarles a acercarse personalmente hasta Jesús: Ven y verás. Ponerlos delante del Señor a través de los medios de la gracia que el mismo Cristo ha dado y la Iglesia administra: frecuencia de Sacramentos y práctica de la piedad cristiana.
Natanael acepta la invitación de Felipe y va al encuentro de Jesús para conocerle de cerca. A partir del aquel momento su vida cambia. Ha encontrado al Mesías y será llamado al apostolado. Según la tradición, después de la ascensión del Señor predicó el Evangelio, según unos, en Arabia y Armenia, y según otros, en la India, donde recibió la corona del martirio.
Vio Jesús a Natanael. Y de los labios del Maestro divino salió una alabanza: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño, porque Bartolomé es un hombre sencillo, sincero.
La sencillez es una cualidad que debe brillar en la vida de los cristianos. Sencillez es descomplicación, naturalidad, franqueza, consecuencia necesaria de la bondad de corazón, porque así como la propiedad de la estrella es la luz de que está rodeada, la propiedad del hombre piadoso y temeroso de Dios es la sencillez y la humildad (Hesiquio). El alma sencilla no se enreda ni se complica inútilmente por dentro: hace lo de todos, pero procura hacerlo bien, cara a Dios.
A la sencillez se opone la afectación en el decir y en el obrar; la pedantería, el aire de suficiencia, la hipocresía. Hay algunos, en efecto, a quienes les falta sencillez en las buenas obras que realizan, porque buscan no la retribución espiritual, sino el aplauso de los hombres (San Gregorio Magno). La falta de sencillez nos impide apreciar las enseñanzas que nos ha dejado el Señor al hacerse Niño, al trabajar como todos, en el trato con los demás, etc.
Todos, menos los orgullosos y los engreídos, los que están llenos de sí mismos y se encaraman para sobresalir por encima de los demás, entienden a Jesús. Especialmente le entienden, por su sencillez, los niños, y quienes con su humildad se hacen como ellos. Te doy gracias, Padre ‑dirá el señor en cierta ocasión‑, (…) porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las ha revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor (Mt 11, 25‑26).
Cristo alaba la sencillez de vida de Bartolomé, su sinceridad, pues no hay engaño en él. La sinceridad es virtud íntimamente unida a la sencillez, que hace que nos manifestemos en las palabras tal como somos, con claridad y verdad. Es virtud indispensable para seguir a Cristo, que es la Verdad misma y aborrece el engaño. Natanael, sincero y sencillo, fue premiado con la gloria eterna, después de toda una vida de servicio: ¿porque te he dicho que te vi debajo de la higuera crees? Cosas mayores verás. Y añadió: en verdad, en verdad os digo que veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.
A los hombres nos da miedo, a veces, la verdad porque es exigente y comprometida. Preferimos en ocasiones el disimulo, el pequeño engaño o la mentira abierta; otras veces cambiamos el nombre de los hechos o de las cosas para que no resulte estridente el decir la verdad como es.
Sinceridad. Es sincero el hombre que conociendo su condición, sus cualidades y defectos, los reconoce, con humildad, en su verdadera entidad. Sabe que las cualidades son recibidas de Dios, que las limitaciones de la condición humana y miseria propia proceden del pecado original y de los pecados personales. Reconoce la gracia que recibe de Dios.
Sinceridad en la dirección espiritual, para darnos a conocer como somos. Habla con naturalidad, no des vueltas al modo de decir las cosas. Trata de expresarlas con claridad, brevemente y sin pensar en ti. Si piensas en ti mismo, la enredamos (San Josemaría Escrivá).
Abrimos el corazón, procuramos ser transparentes, contamos lo que nos produce cansancio, sufrimiento, preocupaciones, lo que nos quita la paz, sin vergüenza y sin decir verdades a medias.
Sinceridad en la confesión. No hay que acusarse de generalidades: Yo no he amado a Dios tanto como debía, no he rezado con la devoción que debiera, no he amado a mi prójimo como debiera amarle, no he recibido los Sacramentos con la reverencia que es debida, y otras semejantes. La razón es porque diciendo esto no dice nada en particular que pueda manifestar al confesor el estado de tu conciencia, pues cuantas personas hay en la tierra y cuantos santos están en el cielo lo podrían decir si confesasen.
Hay que concretar, decir los pecados en su especie y el número de veces que se han cometido. En la confesión, la sinceridad es tan importante que si el hombre no reconoce su culpa, si se calla voluntariamente algún pecado grave, no puede recibir la gracia, no se le perdona los pecados.
El hecho de ser sinceros con el Señor y de reconocernos pecadores, nos puede servir para unirnos más a Dios, pues nos ayudará a ser más humildes y a sentirnos más necesitados de su ayuda. No olvidemos la parábola del fariseo y del publicano. Este último salió justificado, porque se reconoció pecador y pidió misericordia al Señor.
Hacerse como niños en la vida espiritual: es todo un programa de vida sobrenatural que Jesús recomendó a Nicodemo, y por esto, san Josemaría Escrivá lo aconsejaba: Haceos niños delante de Dios. Sólo así sabremos ser hombres muy maduros en la tierra, porque a través de nuestra sencillez obrará la mano de Dios con su fortaleza y seguridad. Niños delante de Dios, con entera confianza, como el pequeño confía en su madre; no se preocupa del mañana ni de otra cosa: su madre vela por él. Dios vela por nosotros, si somos sencillos.
Sólo siendo niños ‑sencillos y sinceros, como Natanael‑ tendremos la humildad de aceptar nuestras miserias y errores personales, sin desaliento, sin perder la paz, con alegría de hijos de Dios.
Siendo muy pequeños, la Virgen nuestra Madre cuidará de nosotros, nos protegerá en sus brazos maternales y, cuando el Señor nos llame a su presencia, intercederá amorosamente.
¡Oh Santo Bartolomé!, íntegro sin mancha ni doblez,
ante ti me presento pidiéndote por la salud emocional
y la restauración de la raíz de mis crisis nerviosas.
Asísteme, Oh Santo Varón de Dios, cuando la nube
negra de la desesperación amenace mi pensamiento,
tú que fuiste atormentado por un cruel martirio
apiádate de mi presente necesidad:
( pedir el favor que se necesita )
San Bartolomé intercede por nosotros que vivimos
en un mundo agitado donde las angustias y temores,
los nerviosismos, las ansiedades y depresiones nos rodean
y como olas tempestuosa se agitan en nuestro interior.
¡Oh San Bartolomé!
restáuranos la paz interior y la paz en nuestros hogares.
Muéstrame que Dios siempre está conmigo y obtenme
la gracia de experimentar paz y tranquilidad en mi vida.
Que siguiendo tus pasos de Santidad pueda imitar tus virtudes,
viviendo una vida íntegra, sin las manchas de los errores ni
corrupciones de este mundo, para hacerme merecedor como tú
de los halagos del Maestro y poder un día disfrutar
de las bienaventuranzas dignas del pueblo santo.
Te lo ruego por Jesucristo Nuestro Señor.
Amén.
domingo, 17 de julio de 2016
Apóstol Santiago / @ Xosé Castro
En la Biblia se alude habitualmente a él bajo
el nombre de Jacobo, término que pasó al latín como Iacobus y derivó en nombres
como Iago, Tiago y Santiago (sanctus Iacobus). Santiago de Zebedeo o Santiago
el Mayor fue uno de los primeros discípulos en derramar su sangre y morir por
Jesús. Miembro de una familia de pescadores, hermano de Juan Evangelista -ambos
apodados Boanerges (‘Hijos del Trueno’), por sus temperamentos impulsivos- y
uno de los tres discípulos más cercanos a Jesucristo, el apóstol Santiago no
solo estuvo presente en dos de los momentos más importantes de la vida del
Mesías cristiano -la transfiguración en el monte Tabor y la oración en el
huerto de los Olivos-, sino que también formó parte del grupo restringido que
fue testigo de su último milagro, su aparición ya resucitado a orillas del lago
de Tiberíades. Tras la muerte de Cristo, Santiago, apasionado e impetuoso,
formó parte del grupo inicial de la Iglesia primitiva de Jerusalén y, en su
labor evangelizadora, se le adjudicó, según las tradiciones medievales, el
territorio peninsular español, concretamente la región del noroeste, conocida
entonces como Gallaecia. Algunas teorías apuntan a que el actual patrón de
España llegó a las tierras del norte por la deshabitada costa de Portugal.
Otras, sin embargo, dibujan su camino por el valle del Ebro y la vía romana
cantábrica e incluso las hay que aseguran que Santiago llegó a la Península por
la actual Cartagena, desde donde enfiló su viaje hasta la esquina occidental
del mapa.
Tras reclutar a los siete varones
apostólicos, que fueron ordenados obispos en Roma por san Pedro y recibieron la
misión de evangelizar en Hispania, el apóstol Santiago regresó a Jerusalén,
según los textos apócrifos, para, junto a los grandes discípulos de Jesús,
acompañar a la Virgen en su lecho de muerte. Allí fue torturado y decapitado en
el año 42 por orden de Herodes Agripa I, rey de Judea. Los supuestos
testamentos relatan que, antes de morir, María recibió la visita de Jesús
resucitado, a quién le pidió pasar sus últimos días rodeada de los apóstoles,
que se encontraban dispersos por todo el mundo. Su hijo le permite que sea ella
misma, a través de apariciones milagrosas, la que avise a los discípulos y, de
esta forma, la Virgen se hace presente sobre un pilar de Zaragoza frente al
apóstol Santiago y los siete varones, episodio hoy venerado en la basílica de
Nuestra Señora del Pilar.
Fueron estos siete discípulos, relata la
leyenda, los que, tras escaparse aprovechando la oscuridad de la noche,
trasladaron el cuerpo del apóstol Santiago en una barca hasta Galicia, adonde
arribaron a través del puerto de Iria Flavia (actual Padrón). Los varones
depositaron el cuerpo de su maestro en una roca -que fue cediendo y cediendo,
hasta convertirse en el Sarcófago Santo- para visitar a la reina Lupa, que
entonces dominaba desde su castillo las tierras donde ahora se asienta
Compostela, y solicitarle a la poderosa monarca pagana tierras para sepultar a
Santiago. La reina acusó a los recién llegados de pecar de soberbia y los envió
a la corte del vecino rey Duyos, enemigo del cristianismo, que acabó
encerrándolos. Según la tradición, un ángel -en otros relatos, un resplandor
luminoso y estrellado- liberó a los siete hombres de su cautiverio y, en su
huida, un nuevo milagro acabó con la vida de los soldados que corrían tras ellos
al cruzar un puente. Pero no fue el único contratiempo con el que se toparon
los varones. Los bueyes que les facilitó la reina para guiar el carro que
transportaría el cuerpo de Santiago a Compostela resultaron ser toros salvajes
que, sin embargo, también milagrosamente, fueron amansándose solos a lo largo del
camino.
Lupa, atónita ante tales episodios, se rindió a los varones y se convirtió al
cristianismo, mandó derribar todos los lugares de culto celta y cedió su
palacio particular para enterrar al Apóstol. Hoy se erige en su lugar la
catedral de Santiago.
No fue hasta ocho siglos más tarde, en el año
813, cuando un ermitaño llamado Paio alertó al obispo de Iria Flavia,
Teodomiro, de la extraña y potente luminosidad de una estrella que observó en
el monte Libredón (de ahí el nombre de Compostela, campus stellae, ‘Campo de la
Estrella’). Bajo la maleza, al pie de un roble, se encontró un altar con tres
monumentos funerarios. Uno de ellos guardaba en su interior un cuerpo degollado
con la cabeza bajo el brazo. A su lado, un letrero rezaba: «Aquí yace Santiago,
hijo del Zebedeo y de Salomé». El religioso, por revelación divina, atribuyó
los restos óseos a Santiago, Teodoro y Atanasio, dos de los discípulos del
Apóstol compostelano, e informó del descubrimiento al rey galaico-astur Alfonso
II el Casto, que, tras visitar el lugar, nombró al Apóstol patrón del reino y
mandó construir una iglesia en su honor. Pronto se extendió por toda Europa la
existencia del sepulcro santo gallego y el apóstol Santiago se convirtió en el
gran símbolo de la Reconquista española. El rey de Asturias fue solo el primero
de toda la marea de peregrinos que vinieron después.
La autenticidad de los restos del apóstol
Santiago ha generado, sin embargo, no pocos y encendidos debates y
protagonizado meticulosas investigaciones. El inverosímil traslado -por
la dificultad que supone – del cuerpo del discípulo de Jesúshasta suelo
gallego es solo una de las muchas lagunas de una
tradición que se mueve entre el rigor histórico y las leyendas mágicas. Estudios
arqueológicos han demostrado que Compostela era una necrópolis precristiana,
pero jamás se han practicado investigaciones científicas sobre los restos que
custodian los muros de la Catedral, hasta el punto de que algunos
investigadores incluso han atribuido tales reliquias óseas a Prisciliano de
Ávila, el obispo hispano acusado de herejía.
Sin embargo, la historia de los huesos del
Apóstol no acaba aquí. Una vez descubiertas y honradas con un templo cristiano,
las reliquias no pararon quietas mucho tiempo. Según la tradición oral, en el
siglo XVI tuvieron que ser escondidas para evitar la profanación de los piratas
que amenazaron la ciudad compostelana tras desembarcar en
el puerto de A Coruña (mayo de 1589). Las excavaciones llevadas a cabo a
finales del siglo XIX, al perderse la pista de los restos de Santiago,
revelaron la existencia de un escondite -dentro del ábside, detrás del altar
principal, pero fuera del edículo que habían construido los discípulos- de 99
centímetros de largo y 30 de ancho, donde se ocultaron, y se perdieron, durante
años, los huesos del Apóstol. En 1884 el papa León XIII reconoció oficialmente
este segundo hallazgo.
Santiago
es uno de los doce Apóstoles de Jesús; hijo de Zebedeo. El y su hermano Juan
fueron llamados por
Jesús mientras estaban arreglando sus redes de pescar en el lago Genesaret.
Recibieron de Cristo el nombre "Boanerges",
significando hijos del trueno, por su impetuosidad.
En los evangelios se relata que Santiagotuvo
que ver con el milagro de la hija de Jairo. Fue uno de los tres
Apóstolestestigos de la Transfiguración y
luego Jesús le invitó, también con Pedro y Santiago, a compartir mas de cerca
Su oración en el Monte de los Olivos.
Los Hechos de los Apóstoles relatan que éstos se dispersaron por
todo el mundo para llevar la Buena Nueva. Según una antigua tradición,Santiago
el Mayor se fue a España. Primero a Galicia, donde estableció
una comunidad cristiana, y luego a la cuidad romana de Cesar Augusto, hoy
conocida como Zaragoza. La Leyenda Aurea de Jacobus de Voragine nos cuenta que
las enseñanzas del Apóstol no fueron aceptadas y solo siete personas se convirtieron
al Cristianismo. Estos eran conocidos como los "Siete Convertidos de
Zaragoza". Las cosas cambiaron cuando la Virgen Santísima se
apareció al Apóstol en esa ciudad, aparición conocida como la Virgen del Pilar.
Desde entonces la intercesión de la Virgen hizo que se abrieran
extraordinariamente los corazones a la evangelización de España.
En los Hechos de los Apóstoles descubrimos fueel
primer apóstol martirizado. Murió asesinado por el rey Herodes
Agripa I, el 25 de marzo de 41 AD (día en que la liturgia actual celebra La
Anunciación). Según una leyenda, su acusador se arrepintió antes que mataran a
Santiago por lo que también fue decapitado. Santiago es conocido como "el
Mayor", distinguiéndolo del otro Apóstol, Santiago el Menor.
La tradición también relata que los discípulos de Santiago
recogieron su cuerpo y lo trasladaron a Galicia (extremo norte-oeste de
España). Su restos mortales están en la basílica edificada en su honor en
Santiago de Compostela. En España, Santiago es el mas conocido y querido de
todos los santos. En América hay numerosas ciudades dedicadas al Apóstol
en Chile, República Dominicana, Cuba y otros países.
Santiago y la Virgen María
Santiago Apóstol preparó el camino para la Virgen María en España
y también preparó su llegada al "Nuevo Mundo". El es el Apóstol de la
Virgen María, también es conocido como el Apóstol de la Paz.
En 1519, Cortes llegó a Veracruz, y en Lantigua construyó la
primera Iglesia dedicada a Santiago Apóstol en el continente Americano. También
en 1521, cuando México fue conquistada, Cortes construyó una Iglesia en las
ruinas de los Aztecas que al igual fue dedicada a Santiago Apóstol. A esta
Iglesia era que Juan Diego se dirigía el 9 de diciembre de 1531, para recibir
clases de catecismo y oír la Santa Misa, ya que era la fiesta de la Inmaculada
Concepción.
En 1981, se reportó el comienzo de las apariciones de Nuestra
Señora en Medjugorie bajo el titulo "Reina de la Paz". Ya Santiago
Apóstol se había hecho presente. Unos años antes, se había construido una
Iglesia en ese lugar dedicada a Santiago Apóstol. Santiago siendo el Apóstol de
la Paz, lleva en sus manos las llaves para abrir la puerta que traería la paz a
Medjugorie.
Santiago Apóstol ha preparado el camino para que el mundo
reconozca a la Virgen Santísima como "Pilar" de nuestra Iglesia.
www.corazones.org/santos/
Oraciones
Novena a Santiago Apóstol el Mayor
Oraciones para cada día. Del 16 al 24 de julio
Por: Catholic.net | Fuente: Catholic.net
Por la señal de la Santa Cruz, etc.
ACTO DE CONTRICIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Dios y Señor infinitamente Misericordioso, sin cuyo auxilio nada podemos, y nada valen nuestras obras, dignaos, Señor, concederme que os sea agradable este culto que deseo rendir a vuestro amado discípulo. No miréis, Señor piadosísimo, la gravedad de mis culpas, que humildemente os confieso. Perdonádmelas Señor, por la Pasión y Muerte de de vuestro Santísimo Hijo y dulcísimo Redentor mío, por las lágrimas de su Purísima Madre, y por el martirio de vuestro Apóstol, pues de todo corazón me pesa haberos ofendido, por ser quien sois infinitamente amable, poderoso y justo. Quisiera antes morir, que haber agraviado a vuestra inmensa Majestad; propongo firmísimamente enmendarme con vuestra gracia, que espero de vuestra misericordia, y hacer por ella todo lo posible para vivir y morir como hijo de la Santa Madre Iglesia y devoto del Apóstol Santiago, y mereceros alabaros con él eternamente en la Gloria, Amén.
ORACIÓN INICIAL PARA TODOS LOS DÍAS
O fidelísimo discípulo del Divino Maestro Jesucristo, que mereciste os escogiese por una de las primeras columnas de la Iglesia, y por fundador y patrono de las de España, que por vuestra predicación y merecimientos recibió la fe católica, y espera mantenerla hasta el fin del mundo, ¡Oh padre y protector de todos los fieles!, aclamado seáis en todas las naciones, os pido me alcancéis las gracias que tanto necesito. Confirmadme en la fe y en el santo temor de Dios que tanto necesito. Interceded por mi ante el Todo Poderoso para que me otorgue el favor que os pido en esta novena y así tener un motivo más para daros gracias en la Gloria. Amén.
ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS
Dios suplicámoste nos concedas, que por medio de la protección de tu amado Apóstol, lleguemos a gozar de la paz eterna. Amén.
DÍA PRIMERO
Comenzar con el acto de contrición y la oración para todos los días.
ORACIÓN: Gloriosísimo Apóstol que a la primera voz con que el Divino Maestro os llamó para discípulo suyo, os resolviste prontísimamente a seguirlo, abandonando con ánimo generoso las conveniencias esperanzas del mundo por entregaros enteramente a la voluntad y servicio del Señor; infinitas gracias doy a su Majestad por ese singular beneficio que os hizo, y a vos os ensalzo por la puntualísima obediencia y fidelidad con que le habéis correspondido. Bien veis cuan metido me hallo en las redes de mis pasiones, preso de mi amor propio y atado a mis temporales intereses, que me impiden seguir a Dios y atender a sus amorosos llamamientos. Alcanzadme del Señor una alentada resolución como la vuestra, para romper estos lazos, y desembarazarme de todos los apegos que me estorben para servir a Dios; dadme una rendida atención a las divinas inspiraciones para aplicarlas y obedecerlas como vos lo hicisteis. Promoved y fortaleced la fe, la fidelidad y aún la felicidad temporal de la Iglesia. Para que imitándoos en seguir a Cristo acá en la tierra, os acompañemos también en gozar de su vista en la Gloria. Amén.
Rezar tres Padrenuestros y tres Ave Marías.
Pedir la gracia particular que se desee conseguir en esta Novena. Terminar con la oración final.
DÍA SEGUNDO
Comenzar con el acto de contrición y la oración para todos los días.
ORACIÓN: Invicto defensor de la fe a quien el Divino Maestro distinguió con el renombre de “hijo del trueno”, profetizando los fogosos incendios de caridad con que habíais de consumir la idolatría en las tierras a donde llevasteis la luz del Evangelio, añadid a ese imponderable beneficio el de alcanzarme de Dios eficaces auxilios para que yo desempeñe adecuadamente el nombre de cristiano, cumpliendo exactamente con las obligaciones que con él hemos contraído, para que en el día del juicio el Divino Pastor no nos desconozca como sus ovejas. Ayudadnos a mantenernos siempre triunfantes de enemigos visibles e invisibles, para mayor gloria de Dios, y así hacernos dignos de acompañaros en la Patria Celestial. Amén.
Rezar tres Padrenuestros y tres Ave Marías.
Pedir la gracia particular que se desee conseguir en esta Novena. Terminar con la oración final.
DÍA TERCERO
Comenzar con el acto de contrición y la oración para todos los días.
ORACIÓN: Dichosísimo Apóstol, que por la fiel correspondencia a los favores del Todo Poderoso Jesús, os hicisteis de sus altas confianzas, y de que se acompañase de vos para las obras de su Omnipotencia, llevándoos consigo para testigo de la portentosa Resurrección de la hija de Jayro, yo os suplico rendidamente por esta particular distinción, que su Majestad hizo en vos, presentéis al Señor mi pobre alma, quizá muerta por la culpa, o al menos lastimosamente débil y lánguida por su tibieza, para que su infinita piedad la resucite a la vida de la gracia, la fortalezca e infunda un nuevo y vigoroso espíritu, con la que en adelante le sirva con mayor fervor y más vivo deseo de su mayor honra. Haced lo mismo con todos los infelices que están en pecado mortal, para que lleguen vivas a la presencia del Señor en la gloria. Amén.
Rezar tres Padrenuestros y tres Ave Marías.
Pedir la gracia particular que se desee conseguir en esta Novena. Terminar con la oración final.
DÍA CUARTO
Comenzar con el acto de contrición y la oración para todos los días.
ORACIÓN: Dilectísimo Ministro de la Majestad Suprema de Dios, y tan favorecido del Soberano Jesús, que no quiso en la tierra manifestar la Gloria de su maravillosa Transfiguración, sin que vos fueseis participante de ella, yo os suplico encarecidamente por aquel gozo, que tuvisteis en el Tabor, cuando visteis en él reducida a un breve mapa la bienaventuranza eterna, que así como para subir a la cumbre, en que merecisteis gozarla, os confundiste con la abnegación de vos mismo, el desprecio del mundo y una rendida obediencia a los preceptos de Jesucristo, por los mismos medios me disponga a recibir del Señor una luz, con que mas claramente conozca y contemple en esta vida sus perfecciones y altísimos atributos, para que cada vez más y más enamorada de aquella incomprensible hermosura, desprecie por ella todas cuantas delicias me pueda ofrecer la tierra, y ponga todos mis cuidados en conseguir las del cielo. Amén.
Rezar tres Padrenuestros y tres Ave Marías.
Pedir la gracia particular que se desee conseguir en esta Novena. Terminar con la oración final.
DÍA QUINTO
Comenzar con el acto de contrición y la oración para todos los días.
ORACIÓN: Benignísimo Apóstol y amado del salvador del mundo, que no quiso apartaros de su lado en las agonías que padeció en el Huerto, y le debisteis la dulce piedad de disimularos que estuvieseis durmiendo mientras su Majestad, desangrándose en sudor copioso, estaba orando; yo os suplico humildemente, que así como vos, recobrado de aquel sueño supisteis pagar al Señor aquel descanso con las fatigas, desvelos y sudores de vuestro apostólico ministerio, hasta dar la vida por Él, que la había dado por vos, así yo, considerando la gran pérdida de tiempo que diariamente hago al estar dormido para el cuidado de mi alma y demasiadamente despierto para las cosas del mundo, abra desde ahora los ojos, para ver con ellos cuan lejos voy del camino que el Maestro nos ha enseñado y conciba un propósito eficacísimo de desvelarme más por mi salvación y no perdonarme fatiga, ni sudor alguno, que me conduzca hacia el bien espiritual de mi alma y así merecer con vos el eterno descanso.
Rezar tres Padrenuestros y tres Ave Marías.
Pedir la gracia particular que se desee conseguir en esta Novena. Terminar con la oración final.
DÍA SEXTO
Comenzar con el acto de contrición y la oración para todos los días.
ORACIÓN: Esforzadísimo campeón de la Santa Madre Iglesia, os suplico rendidamente, que así como supisteis plantar en tierras lejanas la verdadera religión de Jesucristo, cuidéis de conservarla en mí y en tantos otros que sinceramente buscan conocer la única Verdad. No ignoráis, santo mío, que en mí, y quizá en muchísimos, está muy apagada (o como muerta) la Fe, por falta de obras dignas del carácter de legítimos hijos de Dios. Sacad la espada contra nuestros rebeldes apetitos que nos tienen en cruel cautiverio. Rescatadnos de la mísera esclavitud de nuestras pasiones, bárbaramente dominantes. Alcanzadnos, del Divino Maestro, una nueva conversión, para que la penitencia y el continuo ejercicio de las virtudes nos acrediten ser dignos miembros de la Militante, y en el futuro, de la Triunfante Iglesia. Amén.
Rezar tres Padrenuestros y tres Ave Marías.
Pedir la gracia particular que se desee conseguir en esta Novena. Terminar con la oración final.
DÍA SÉPTIMO
Comenzar con el acto de contrición y la oración para todos los días.
ORACIÓN: Afortunadísimo apóstol, tan favorecido por la Reina del Cielo, María Santísima, que merecisteis, estando aún ella en esta vida, viniera desde Jerusalén a visitaros, fortaleceros y significaros, que era gusto de Dios, y suyo, le erigieseis en Zaragoza un templo, que fue el primero, que en el orbe cristiano se vio consagrado a la verdadera y única Deidad y a la que le dio el humano ser, yo os suplico, por el mérito y el consuelo que tuvisteis al ejecutar tan dulce y tan hermoso precepto, consagréis también mi corazón en templo de María Santísima, y le hagáis firmísima columna, sobre la cual esté siempre dignamente colocada y servida de mis potencias y sentidos, como amabilísima Madre y poderosísima Señora. Haced (tiernísimo devoto de esta gran Reina) que todos os imitemos en amarla y en servirla, para que así como se dignó visitaros en vida, así en ella, y en la hora de nuestra muerte nos visite y asista hasta ponernos seguros en la Gloria. Amén.
Rezar tres Padrenuestros y tres Ave Marías.
Pedir la gracia particular que se desee conseguir en esta Novena. Terminar con la oración final.
DÍA OCTAVO
Comenzar con el acto de contrición y la oración para todos los días.
ORACIÓN: Constantísimo soldado de Jesucristo, que por servirle leal y valerosamente, no sosegasteis hasta derramar gustosamente vuestra sangre, y rendir por Él vuestra cabeza al cuchillo, yo os agradezco y alabo por esa heroica constancia, y os suplico rendidamente interceded la entereza que necesito, para estar pronto a perder antes mil vidas que faltar a la fidelidad que le debo a mi Dios y Creador. Ved, santo mío, que en mi alma, y en la de tantos otros, hay mucho que sanar y convertir. Alcanzadnos, del Divino Maestro, la salvación y conversión. Alentad y confortad nuestro espíritu para que sepa resistir firmemente los combates con el enemigo, y perder cuanto sea necesario, honra, hacienda y vida, antes que perder la gracia, perseverando siempre en ella, hasta poseer la Gloria. Amén.
Rezar tres Padrenuestros y tres Ave Marías.
Pedir la gracia particular que se desee conseguir en esta Novena. Terminar con la oración final.
DÍA NOVENO
Comenzar con el acto de contrición y la oración para todos los días.
ORACIÓN: Suavísimo bienhechor, por vuestra intercesión y protección alcanzadme de Dios Padre de las Misericordias, el perdón de los muchos delitos con que lo he ofendido, alcanzadme la gracia de que el maligno enemigo no tenga más poder sobre mi, los dones que nos sean necesarios para vencer nuestras pasiones. Ayudadme para que os imite en los méritos dignos de premio eterno, para que solicite la honra que vos tuvisteis de servirle en la tierra, y así gozarle con vos y los demás bienaventurados en la gloria. Amén.
Rezar tres Padrenuestros y tres Ave Marías.
Pedir la gracia particular que se desee conseguir en esta Novena. Terminar con la oración final.
BIBLIOGRAFÍA
Santiago el Mayor
Otto HophanBiografíasColección: dBolsillo
Sinopsis
Al inicio del Año Jubilar Jacobeo, es preciso recordar la figura de Santiago el Mayor, hermano de San Juan, pescador del mar de Galilea, apóstol de Jesucristo y mártir en el año 42.
El apóstol Santiago, como San Andrés con su hermano San Pedro, se ve eclipsado por la luz de su hermano más ilustre, San Juan. Sin embargo, es una estrella que brilla con luz propia en el firmamento de los mártires que dieron su vida por Cristo en los primeros años del cristianismo. La Iglesia recuerda ahora -en el Año Jubilar que comienza- la figura de este gran apóstol, cuya vida terminó en martirio pocos años después que su Maestro, Jesús de Nazaret. Una existencia corta, pero cargada de frutos universales.
FILMOGRAFÍA
Director: Alan Coton
Sinopsis: Santiago Apóstol es una producción original de Beverly Hills Production. Filmada en los desiertos de Almería en España y en los monasterios y paisajes de Galicia. Esta historia épica, ambientada en el año 40 AD, narra la vida y legado del apóstol Santiago, quien por su valentía y nobleza se convirtió en el patrón de España y su legado es honrado por millones de peregrinos que de todas partes del mundo visitan anualmente su tumba por el camino de Santiago.
Esta gran producción de Jose Manuel Brandariz está integrada por un elenco de lujo encabezado por Julian Gil (Santiago Apóstol), y grandes figuras como Jorge Aravena, Alexis Ayala, Aroldo Betancourt, Isabel Blanco, Marcelo Cordoba, Chistian De La Campa, Francisco de la O, Scarlet Gruber, Josse Narváez, Roberto Manrique, Anastasia Mazzone, Scarlet Ortiz, Marco De Paula, Ana Obregon, Julio Pereira, Ivonne Reyes, Ana Lorena Sánchez, Alejandro Sirvent, Zalvador Zerboni y muchas otras reconocidas figuras respaldadas por más de 500 extras y producida con la mejor cinematografía de la industria.